sábado, 22 de marzo de 2008

El Regalo



Hace casi un mes estuve de cumpleaños, comí ricas tortas (fueron dos), un delicioso asado familiar, y dos carretes de celebración, uno el día propiamente tal, en Los Lleuques y otro en mi casa, acá en Santiago, una semana después. Recibí muchos regalos (los agradezco todos, por supuesto), pero hoy me quiero referir al más económico de todos (después de las flores que recogió Isidora para mí): Un encendedor.

Este regalo no era para mí, sino que lo tenía un amigo y lo sacó para encender su cigarro (cosa muy común en los carretes), pero era diferente a un encendedor económico-tradicional: tenía luz, y no cualquier luz, sino una linterna que ilumina azul. Como era diferente a todo lo que conocía yo hasta ese entonces en encendedores y mostré un real interés en el producto, este amiguito me lo regaló (y eso que yo ni fumo), total, me dijo, lo compré en el negocio de al lado de mi casa.

Este sí que es un buen invento, no como las
sandías cuadradas o los gatos en botella, no me explico cómo a nadie se le ocurrió antes, y se demuestra, una vez más, que los chinos la llevan (El artículo en cuestión es marca “Taiyo”, y por $200 difícilmente podría tener otra procedencia), crean productos dos en uno pero realmente útiles, no como esa velas que sirven para humectar las manos, según la revista Paula, uno enciende la vela y cuando se derrite, uno se echa la esperma derretida en las manos, también según la revista, uno no se quema porque se derrite a una baja temperatura, como la vela en cuestión vale 12 lucas y aún tengo muuuuuucha crema de manos que me regalaron, si alguien la prueba, me cuenta.

En resumen, y así como empezando a terminar, el encendedor me encanta, no me esperaba este regalo y lo traigo siempre conmigo, porque con esto del racionamiento energético nunca se sabe: si cortan la electricidad, me quedo sin iluminación y sin estufa, y el encendedor me dará luz y calor...

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